Perderte Para Encontrarme - Elizabeth Clapes.epub [Proven]

Sofía había sido siempre una persona con una gran necesidad de libertad, de explorar y descubrir nuevos lugares y experiencias. Pero esta vez, su búsqueda de la libertad se había convertido en una huida. Huía de sus miedos, de sus dudas y de las expectativas que otros habían puesto sobre ella.

De vez en cuando, el hombre de la barra se acercaba a su mesa, para preguntarle cómo estaba o para contarle alguna historia. Sofía se rió por primera vez en semanas, y sintió que su corazón se aligeraba un poco.

La ciudad estaba en silencio, sus calles vacías y oscuras como un mar sin estrellas. La niebla se cernía sobre ella como un velo de misterio, ocultando secretos y revelando solo sombras. Era un lugar donde el tiempo parecía detenerse, donde la vida se movía con la lentitud de un río en invierno. Perderte para encontrarme - Elizabeth Clapes.epub

La noche se convirtió en un torbellino de conversaciones, risas y música. Sofía se sintió viva por primera vez en mucho tiempo. Y cuando el café cerró, y Julián le ofreció llevarla a su casa, aceptó.

Pasaron las horas, y el café comenzó a llenarse de gente. La música empezó a sonar, y el ambiente se volvió más animado. Sofía se sintió atraída por la energía del lugar, y comenzó a relajarse. Sofía había sido siempre una persona con una

—¿Qué te trae aquí esta noche? —preguntó, mientras limpiaba la mesa con un trapo suave.

—Estoy perdida —dijo finalmente, con una sonrisa débil. De vez en cuando, el hombre de la

Y Julián, con su sonrisa cálida y sus ojos comprensivos, la ayudó a encontrar su camino. No le dio respuestas fáciles, ni soluciones mágicas. Pero le mostró que, a veces, la mejor manera de encontrarse es perderse, y que en la oscuridad, siempre hay una luz que espera ser encontrada.

Sofía lo miró, sintiendo que aquellas palabras eran justo lo que necesitaba escuchar. ¿Era posible que Julián tuviera razón? ¿Podría encontrar su verdadero yo perdiéndose en un lugar desconocido?

—A veces, es necesario perderse para encontrarse —dijo, mientras le servía una taza de café caliente.

A medida que la noche avanzaba, el hombre se presentó. Se llamaba Julián, y era el dueño del café. Había estado viajando por el mundo durante años, y había decidido establecerse en aquella ciudad para abrir su propio negocio.

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